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domingo, 17 de agosto de 2014

"Tren con destino perdido"

Tren con destino perdido”

El bar era pequeño, con pocas mesas adornadas con los clásicos manteles a cuadros blancos y rojos, la luz era baja y amarillenta, rebotando contra paredes forradas por madera oscura que conseguían transformar este lugar en una cueva acogedora con una temperatura bastante agradable. En el interior solo están los dueños del local que son una señora mayor que hace las funciones de cocinera, un señor mayor que realiza la labor de camarero, un tipo con un macuto militar comiendo en una esquina del fondo y yo. Camino hasta la barra que está a la derecha, donde el señor con una cara bastante siniestra me dice que me siente donde quiera. Sin pensármelo dos veces camino hacia la otra esquina del fondo, yo también quiero alejarme del mundo por eso he emprendido este viaje...

El señor se acerca y me dice que solo hay dos platos, un primero y un segundo. De primero me pondrá embutido del lugar y de segundo un caldo especialidad de la casa. Asiento y le digo que me parece bien, que otra cosa podía hacer. Son las once de la noche, estoy en un pueblo del cual no sé ni como se llama, en el que no hay apenas casas y donde solo está este bar. Las tripas me rugen y si no como algo me caeré muerto al suelo. Al rato me trae las dos cosas y para mi sorpresa y alejándome de la realidad descubro que tanto el embutido como el caldo son dos manjares deliciosos.

Mientras como, me vienen a la cabeza momentos vividos con ella, en otras ciudades y restaurantes de lujo, cuando todo nos iba bien, cuando el otro tipo aun ni existía en nuestras vidas, cuando ella aun me quería. “La vida es dura”, me dijo, como si eso fuera a ayudarme en su despedida, cuando me dijo que ya no me quería, cuando me dijo que estaba conociendo a otro chico y que yo había pasado a un segundo plano en su historia. Tampoco le pedí explicaciones simplemente cogí mis cosas y me marché, entendí que mi momento con ella se había acabado, que debía salir de allí y comenzar en otro sitio. Me fui a la estación de tren y me compré un billete para el próximo tren que saliera, estaba tan atontado por el momento que ni siquiera recuerdo a donde iba.

El militar parece que ha terminado, coge sus cosas y se marcha, me dedica una mirada y me dice que coma rápido que el tiempo se echa encima. No supe que contestarle, el tiempo se le echará a él encima, yo tengo todo el tiempo del mundo ahora mismo, salvo que estos viejos locos decidan echarme a escobazos de esta maldita cueva. Sigo comiendo a mi tiempo, al cabo de un rato el señor y la señora se ponen fuera de la barra mirando hacia mí con los brazos cruzados... ¿qué coño les pasa?, que forma de ganarse la clientela... La señora le susurra algo al viejo, el se da la vuelta y se va por la puerta de la calle. Le digo a la señora que ya termino ahora, que si quieren cerrar, ya no me queda nada. Ella no me dice absolutamente nada, solo se queda ahí perpleja mirando para mí con una cara siniestra, apenas sin parpadear. Se me empiezan a poner los pelos de punta, quiero salir de aquí ya, sin mirar atrás. Me levanto, saco mi cartera y le pregunto cuánto es, ella me hace un gesto levantando los dedos de la mano, 8€. Joder, por que no habla, ¿será muda?. Siento un escalofrío por la nuca al rozar su mano con la mía a la hora de darle el dinero, me despido con un alegre “chau” y me largo de allí con algo de prisa. Fuera no está el señor por ningún lado, le podía haber preguntado a la señora si sabe de algún sitio donde pueda pasar la noche pero prefiero ni pensar en volver atrás.

Por suerte este pueblo tiene muy pocas casas, es la ladera de una montaña y tiene muchas fincas abiertas con árboles, me adentrare en una de ellas, cogeré mi tienda de campaña y la montaré para pasar la noche. Por suerte me la traje y eso que dudé en el momento de salir de casa, pensé que sería el clásico trasto inútil que no vas a usar. Es una de esas tiendas de las que tiras de un sitio y ya está montada, o al menos eso me dijo el que me la vendió. Subo por una de las fincas que casi no tiene luz, por suerte hay luna llena y algo se ve. De pronto tropiezo con algo y me caigo al suelo, apunto estuve de pegar un grito del susto pero mi boca tropezó con la hierba del suelo antes de que pudiera hacerlo. Enciendo la linterna del móvil y compruebo que con lo que he tropezado es el macuto del militar. Dejo de respirar por un momento para no hacer ruido y así poder escuchar todo a mi alrededor, no consigo escuchar pasos ni nada que demuestre que él está por aquí. Entonces, ¿por qué dejaría aquí su macuto?. Al verlo de nuevo, el macuto tiene una mancha de sangre y parece fresca... quizás le haya pasado algo, podría volver a la cueva a decirles a los viejos que he encontrado esto, que llamen a la policía pero el miedo interior me dice que siga con mi plan original, que la noche pase rápido y que me largue de allí pero por otro modo no quiero pasar la noche aquí, hay algo siniestro que me impide estar tranquilo, la ansiedad comienza a apoderarse de mí. Quizás sean estupideces pero quiero largarme de aquí. Tras un debate interno de un par de minutos decido largarme del pueblo por las fincas y entre los árboles, escapándome de la carretera, no quiero encontrarme con nadie de este pueblo. Rebuscaré por el macuto del militar, quizás haya algún arma o algo. Al abrir el macuto descubro la cabeza del militar, una pistola con dos balas y una nota manchada con gotas de sangre. “Espero que hayas comido bien, ahora te comeremos nosotros a ti”. El cuerpo me tiembla en este momento, estoy solo en medio de la nada, completamente a oscuras, en un pueblo fantasma con dos viejos chalados que pretenden comerme, la cabeza de un militar en una mochila y mi cuello que no hace más que mandarme caricias en forma de escalofríos. Paralizado por el pánico, la ansiedad y el no saber que hacer, el querer salir corriendo hacia algún lado pero sin saber hacia donde. De pronto un fuerte impacto hace que me caiga al suelo sin sentido.

Mis ojos comienzan a abrirse, con la mirada borrosa, descubro que estoy atado a una silla con la boca tapada por un paño. La vieja está abriendo el cuerpo del militar en canal, como si fuera un cerdo, el viejo está mojando pan en la sangre del militar. Qué coño, qué clase de tarados son estos... No quiero morir aquí... Intento soltarme de la silla pero estoy bien atado, maldita mi suerte que me hizo coger este tren al maldito infierno, la vieja viene hacia mí con el cuchillo, comienzo a gritar, lo máximo que me permite el paño de mi boca, y sin pensárselo, zas, corta mi cuello del cual comienza a salir sangre a chorro, el viejo viene hacia mí con ese maldito pan de bolla y comienza a mojarlo en mi cuello... me muero... de esta no salgo... mi vista se vuelve borrosa mientras siento las últimas lágrimas de mis ojos caer por mis mejillas.


Un sobresalto me devuelve a la vida, mi pierna derecha golpea contra el asiento delantero de un tren. El vagón está casi vacío, van tres personas y yo, es medio día según mi reloj, ha sido un maldito sueño...

“Próxima parada, Padrón”, dijo la voz de la chica del tren.

No sé si es la última parada pero yo me bajo aquí. Al bajar del tren vuelvo la cabeza al interior del mismo y descubro que en él van los dos viejos y el militar... Ese maldito escalofrío vuelve a recorrer mi cuerpo...


 “Me vuelvo a casa”.

"Tren con destino perdido" by
Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://albertoleiva.blogspot.com.es/2014/08/tren-con-destino-perdido.html.

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