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jueves, 5 de septiembre de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x13 "Se dejaba llevar"

LA LLAMA DE HIELO



13.-”Se dejaba llevar”



«Causal o casual, siempre pasa algo que nos hace enfrentarnos con nuestro interior en una lucha sin cuartel, entre la razón y la pasión.»


Mónica y yo caminamos por el pasillo directos al ascensor, un ascensor que nos llevará al exterior a cumplir esta nueva misión en la que nos embarcamos. Creo que le hace falta desconectar de lo que ha pasado aquí hace un momento y a mí la verdad que también. Demasiada tensión en un espacio de tiempo tan breve,Raquel perdió la cabeza, víctima de un ataque de estrés acumulado. Las distintas perdidas, la desaparición o captura de Alex, el fin del mundo. Todo pasa factura cuando estás en una situación límite, sin esperanzas de vida a largo plazo. Mónica reaccionó en mi defensa y eso lo valoro, ha demostrado que es agradecida y que en un principio puedo contar con ella a la hora de confiar en alguien aquí dentro, desconozco su historia pero tiene algo que hace que la quiera tener cerca. Janet está a salvo, descansando después de haber vivido una situación al límite también. Consiguió escapar de los soldados esos y de los infectados, según Mónica es difícil escapar de ellos sin que te maten, le hizo la pregunta a Janet, “¿por qué no les dispararon?” y Janet no supo contestar otra cosa que no fuera no sé, ¿a qué vino eso?, Igual solo querían a Alex par tener información. Si nuestras sospechas son ciertas quizás quieran saber todo lo que pasa aquí de la mano de su informante. Si fuera así Alex no podría volver a entrar aquí, eso podría ponernos a todos en serio peligro y ahora mismo el bunker es lo único que tenemos para permanecer con vida.

Llegamos al ascensor y nos montamos dentro. Es un ascensor antiguo, hace un ruído extraño, además de tardar un mundo en subir y en bajar. Mónica tiene su mirada clavada en mí como si me estuviera haciendo un escáner de ojos, al mirarle a los ojos aparta su mirada y se queda mirando a un lado, en menos de un segundo sus ojos vuelven a mirar a los mios y los vuelve a apartar.

-¿Qué pasa Mónica?.

-Esto fue un error.

-¿Lo qué fue un error?.

-Venir aquí, no tenía que haber venido.

-¿Por qué dices eso?, ¿por la discusión?.

-Por todo, tenéis vuestro grupo montado y yo soy alguien nuevo, en todos los grupos se desecha al nuevo.

-No ha sido por eso, solo que han pasado demasiadas cosas malas en un periodo de tiempo demasiado pequeño. Muertes, desapariciones, traiciones, hambre, todo...

-Yo estaba bien en mi casa, estaba sola y no tenía que preocuparme por nadie que no fuera yo, no tenía que aguantar discusiones estúpidas como esta, ni aguantar tonterías.

-No volverá a pasar Mónica, ya verás.

-Además no me fío de algunos de los que están ahí abajo.

-¿De quienes?.

-Janet, no me fío de ella. Nadie puede escapar de los soldados negros, es imposible y más si están tan cerca como dijo ella.

-Pero tú escapaste de ellos.

-Sí, pero a qué precio, mi hermano murió ¿recuerdas?, solo era un hinchado, estábamos en la mitad, casi arriba de todo en la calle que va a dar a pizarro desde la estación y los soldados venían de la estación precisamente. Tuve tiempo de correr sin parar como una loca, sin despedirme de mi hermano que estaba siendo devorado por un infectado...

Mónica comenzó a llorar sin apenas poder terminar de hablar. Me acerqué a ella y le di un abrazo. Le dije que se tranquilizará mientras ella se abrazaba a mí cuerpo con toda su fuerza, que ahora estaba con nosotros y que yo no permitiría que le pasara nada malo. El sonido del timbre del ascensor hizo que nos separáramos y saliéramos del. Recomponiéndose por los recuerdos que le estaban atormentando comenzamos a caminar hacia el exterior.

-Gracias Alberto.

-No te preocupes Mónica, ahora estás conmigo.

-Parece que va a hacer frío ahí fuera.

-Pues sí, el cambio de temperatura aquí arriba es bastante brusco y eso que aún estamos dentro del ayuntamiento.

-Quiero ir a mi casa, antes de ir al corte inglés.

-¿Por qué?.

-Necesito coger algo de allí, antes de seguir.

-Está bien, pasaremos por tu casa primero.

-¿De verdad te gusta que hayan hecho esa estatua de Jensen ahí fuera?.

-Jajajaja, pues sí, es una estatua muy bonita.

-Si tú lo dices...

Con una sonrisa en la boca salimos del ayuntamiento y nos pusimos en marcha hacia el piso de Mónica. Está vez tiene que salir bien, no puede pasar nada, tenemos que llegar con todo lo que cojamos de allí.

La calle Venezuela parece estar en calma sin demasiados problemas a la vista. No hay infectados ni nada que se le parezca. Lo que si que hay hoy es mucho viento, el frío es bastante jodido con este aire gélido. Recorremos la calle sin decirnos nada, caminamos uno al lado del otro, mirando de vez en cuando hacia atrás y hacia los lados por si acaso nos atacaran o nos siguieran. Mónica me habló de Jacklobo, tengo que buscarlos, igual está mi familia con él y con más gente conocida, quizás no esté tan solo en esta historia. Ojalá que todo haya salido bien dentro de lo malo. Desde que sé que hay alguien más de mi vida cotidiana vivo, siento que tengo más ganas de luchar en el día a día, de sobrevivir. Abstraído por mis pensamientos por mis recuerdos, de pronto me sobresalto al ver como Mónica se detiene y me hace una señal. Ha visto algo, algo que no le ha convencido, algo que ha captado su atención por algún motivo que yo aún no he sido capaz de vislumbrar. Me señala una carnicería pequeña, que tiene la puerta abierta, yo no veo nada, de pronto al acercarnos si que lo veo, es uno de esos que contaron Mónica y Janet, un hinchado. Es asqueroso, su piel es blanca sin vida, parece que va a reventar en cualquier momento, sus músculos están superdesarrollados, es bastante alto, unos dos metros o un poco más. Está comiendo carne, no nos puede ver, está de espaldas a nosotros. Le hago una señal a Mónica, indicándole que pasemos del, ella me dice que no con la cabeza, que demonios planea. Se pega a mi oreja derecha y puedo escuchar lo que me dice.

-Apunta con el rifle a su cabeza, si se mueve y viene a por mí dispárale y vuélasela.

-Mónica, ¿qué diablos vas a hacer?, vámonos.

-¡No!, solo es uno, quiero acabar con él sin hacer ruido, si al final tienes que disparar quiero que tan pronto lo mates, eches a correr como un loco hacia mi piso, ¿vale?.

-Está bien, pero ¿qué vas a hacer?.

-Voy a acercarme lentamente y voy a hundir mi espada en su cabeza.

-¡Estás loca!, ¡eso es asumir demasiado riesgo!.

-Cállate y acércate, sin hacer ruido, tenemos que aprovechar que solo hay uno, ¡vamos!.

Mónica se separa de mí y se dirige hacia la carnicería, como si esto fuera una buena idea. No puedo perder el tiempo tengo que acercarme, lentamente me dirijo hacia la esquina derecha de la carnicería, algo chispea mi cabeza, una idea, una intuición algo que me dice que cale el cuchillo en el Kar98, sin perder una milésima de segundo lo pongo lo más rápido que puedo, sin hacer apenas ruido, el aire es nuestro aliado en este momento, sopla aún con más fuerza, de hecho se me están congelando los dedos y las piernas aquí parado. Con el rifle preparado, apunto a la cabeza del infectado, es completamente asqueroso, tiene las venas hinchadas y casi saliéndole por todo el cuerpo, su cabeza parece una membrana asquerosa de color blanco por su piel y violeta por sus venas. Mónica se acerca con la espada en posición, justo cuando está a un escaso metro de distancia, el bicho se gira y suelta un gruñido aterrador, con restos de carne en su boca, fibras o ligamentos que le quedan entre los dientes y le salen de la boca. Es asqueroso. Mónica hace un movimiento con la espada de arriba a abajo en diagonal, cortando su pecho, sin saber muy bien por qué otra vez vuelvo a actuar sin pensar, me echo a correr hacia el infectado y clavo el cuchillo calado en el rifle en su cabeza. El cuchillo entro por su sien izquierda y la punta salio por el otro lado, en ese preciso momento cayó a peso muerto sobre el suelo. Saco el cuchillo de su cabeza de un tirón y un chorretón de sangre se une a la fiesta, un chorro que hace que el suelo se convierta en un charco de sangre que se va congelando en cuestión de segundos. Mónica me mira y me hace un OK con el dedo pulgar derecho.

-Mónica, tenemos que irnos, esto es peligroso, pueden olerlo y venir más infectados. El aire está soplando cada vez con más fuerza.

-Vámonos, estamos a pocos metros de mi casa.

Salimos de la carnicería y el caminar se nos hace casi imposible, estamos en lo que parece una ventisca. El aire atraviesa nuestras ropas congelándolas a su paso, lo poco que esta al descubierto de nuestra cara es como si empezara a congelarse, mis ojos, me duelen, se me clavan, tenemos que darnos prisa. Estamos ya, a apenas cinco metros de la casa de Mónica, intento correr y la cojo del brazo, con dolor, con mucho dolor. Conseguimos entrar en el portal, cerramos la puerta y comenzamos a saltar y a golpear nuestras manos. Estamos tiritando del frío, nuestras ropas están congeladas. El ruido del aire fuera es atronador, comenzamos a subir las escaleras, ayudo a Mónica que le cuesta a horrores moverse. A mí también pero estoy un poco mejor. En la última planta aún están los cadáveres de los infectados que me seguían ayer. Entramos y nos dirigimos al salón, donde aún quedan las cenizas de las hogueras.

-Tenemos que encender el fuego.

-Estamos empezando con hipotermia, vamos a morir si no nos damos calor ya.

Mónica se tira al suelo y adopta posición fetal, rápido no hay tiempo que perder, tiene bastante madera amontonada en una de las esquinas, cojo varios trozos y hago un triángulo de hogueras para que nosotros estemos en el centro. En el centro hay un colchón pequeño y muchas mantas. Tiene un bote de alcohol de quemar justo al lado de la madera, con una caja de cerillas, rocío la madera con alcohol en las tres hogueras y enciendo tres cerillas. Las tiro en las tres hogueras y me arrodillo al lado de Mónica.

-Al..lll...beerr..to, teenn....emmos... qu..e quitarn...os la ro..pa, ayú..dame.

-Tienes razón ,es la única forma de entrar en calor.

Comienzo a desnudarla, dejándole solo la ropa interior que también la tiene empapada y congelada. Le ayudo a meterse en el colchón y me quito la ropa lo más rápido que puedo, seguidamente me meto con ella en el colchón.

-Tenemos que quitarnos también la ropa interior Alberto está congelada.

Le ayudo a quitársela y me la quito yo también, seguidamente nos abrazamos fuertemente, enroscados entre las mantas, con nuestras cabezas apoyadas en el cuello el uno del otro. Las hogueras comienzan a tener una llama considerable, generando un calor bastante agradable, nuestros cuerpos poco a poco van recuperando su temperatura, nuestras respiraciones tiritántes también van volviendo a la normalidad. Otra vez sin saber porqué como cuando calé el cuchillo en el rifle, mi cabeza se separa de su cuello, mirando a sus ojos mis labios buscan los suyos hasta que logran encontrarlos y fundirse en un apasionado beso cargado de un sentimiento oculto, que hasta ahora no reconocía. Nos dejamos llevar por el momento y por la situación, calentando nuestros cuerpos por la llama del deseo.

Al terminar nos quedamos mirándonos a los ojos, jadeantes y exhaustos pero a la vez contentos y conformes, Mónica aparta la mirada y pone una cara rara.

-Lo siento... no tenía que haber pasado...

-Los dos lo queríamos Mónica.

-Eso es cierto pero... Janet...

-Mierda... Janet...

-Lo siento, tenía que haberme contenido.

-No, está bien, tengo que decirte que desde que nos vimos aquí fuera ayer, me ha pasado algo contigo, es como si te conociera de siempre, como si me hubiera reencontrado contigo después de mucho tiempo, me apetece estar a tu lado y me apetecía hacer esto contigo. No tenemos que sentirnos culpables por nada.

-¡Pero estabas con ella Alberto!.

-Ya... pero a veces estas cosas pasan.

-¿Cómo se lo vamos a decir?.

-Se lo diré yo, cuando lleguemos, no te preocupes.

-Se va a cabrear conmigo.

-Es posible que se enfade con los dos...

Nos quedamos mirándonos como dos idiotas durante un breve espacio de tiempo sin decirnos nada. La habitación está caliente por las hogueras, un par de grados por encima de cero, un paraíso en estos momentos. Me levanto y miro por la ventana, la tormenta parece que ha parado. De repente mi mirada se centra en un grupo de personas, son tres, van vestidos con abrigos, no son soldados.

-¡Rápido coge las armas, vienen tres personas hacia aquí!

-¿Son soldados?

-No lo parecen, ¡rápido!.


 Sin perder el tiempo nos ponemos solo los chaquetones de la SS por encima, cogemos nuestras MP44 y apuntamos hacia la puerta a la espera de que entren.
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La llama de hielo, capítulo 1x13 "Se dejaba llevar" por Alberto Leiva Pallares se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

1 comentario:

  1. :O el prota que parecía paradito nos está dejando con la boca abierta!

    Susi.

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