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sábado, 20 de julio de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x08 "Desayuno entre cenizas"

LA LLAMA DE HIELO


8.-”Desayuno entre cenizas”


«El amor siempre llega en el momento justo cuando tiene que llegar, cuando todo lo malo necesita una vacuna que lo haga desaparecer todo. Las negativas son siempre respuestas contradictorias a un sentimiento enfrentado.»


Mis ojos se abren lentamente con una sensación que ya casi había olvidado, calor, la temperatura óptima para vivir. La hoguera aún sigue encendida pero con una llama bastante debilitada. A mi lado está Janet, durmiendo profunda y plácidamente con las mantas hasta la nariz, con cara de niña buena y de no haber roto un plato en su vida. Los demás deben estar durmiendo en las habitaciones por que en la gran sala no están. El único que está a parte de nosotros es como no, el tipo loco que sigue mirando hacia la puerta. Me saca de mis casillas, el mundo se ha ido a la mierda y el tipo solo tiene una preocupación, la puerta y los dos códigos secretos, me dan ganas de ir allí y darle una hostia para que espabile y salga de ese estado de obsesión permanente. Vuelvo a mirar hacia Janet mientras me incorporo. Me acerco a ella, coloco su pelo suavemente detrás de su oreja y le doy un beso en la frente. Ella suelta un leve sonido agradable que confirma estar totalmente dormida y relajada. Me gustaría saber que estará soñando, meterme en su sueño para acompañarle en lo que quiera que esté haciendo y olvidarnos de la realidad en la que estamos metidos. A veces me pregunto cómo sería nuestra historia si no hubiera pasado esto. Igual seguiríamos sin hablarnos y haríamos nuestras vidas cada uno por su lado o igual coincidiríamos en algún lugar en el que empezaríamos a charlar y nos daríamos cuenta que podríamos tener una historia juntos. Pero esto siempre será un “qué hubiera sido”, ahora estamos aquí y lo único que tenemos que tener en mente es sobrevivir un día más.

El estómago me ruge como un león hace temblar la sabana africana, me levanto y me voy al almacén. Paso por delante del loco y veo algo realmente cómico. El tipo se está quedando dormido de pie, se le cierran los ojos como a un niño pequeño, le diría algo pero me dio una hostia por hablar con él, así que si se cae al suelo me daré por vengado. Entro en el almacén y me cojo un cacho de pan y un chorizo. Si fuera otro día quizás pensaría en los demas y diría,”Lo dejaré para una ocasión especial”, a la mierda las ocasiones especiales, casi me muero y además tenemos el corte inglés ahí al lado, todo lo que haya dentro podremos quedárnoslo. La vista se me va hacia las botellas de whisky. Lo siento por los demás pero hoy más que nunca me merezco un trago.

Vuelvo a mi cama improvisada cerca de la pequeña hoguera. Ya solo quedan brasas. Estos locos han cortado la moqueta del suelo para hacerla... Dejando un margen de separación entre el empiece de la moqueta y la hoguera, nos podíamos haber quemado todos y ninguno se puso a controlar el fuego. Tiro el chorizo en las brasas en un sitio donde pueda cogerlo. El olor hace que mi estómago ruja mucho más fuerte. Lo quito de las brasas casi quemandome los dedos y lo meto en el pan. Dejo que enfríe un rato y me lo como. El sabor me lleva a unos años atrás cuando haciamos aquellas barbacoas en la casa de la aldea. Entre recuerdos el bocata desaparece de mis manos de bocado en bocado. Un trago de la botella de whisky y un eructo que me hace quedar a gusto.

Al poco rato la venganza que estaba esperando llega de la mano de un ruído seco, el loco se cayó al suelo, no chilla ni se queja, se debió quedar dormido en el suelo. Me levantaría a ver si está bien pero bah, si le pasara algo estaría chillando... La conciencia, ese maldito run run no me deja relajarme, me levanto y compruebo que está vivo y no se golpeó de gravedad, por lo menos a simple vista. Sí, respira y comienza a roncar, joder. Me vuelvo a mi cama y veo a Janet como entreabre sus bonitos ojos color miel.

-¿Qué pasa estás bien?

-Sí, fue el loco que se quedo dormido de pie y se cayó.

-Jajaja que memo.

Janet se rió un poco mientras se frotaba sus ojos con las manos. La pobre debía estar rendida, fueron muchas emociones en tan poco tiempo. Casi la violan, casi nos matan, el alcalde muriéndose delante nuestra, el frío extremo, su hermano muerto, venir a por mí cuando estaba en clara hipotermia. Necesita un descanso y relajarse.

-Sigue durmiendo, yo vigilaré el fuego.

-No-Dijo Janet mientras se acercaba a Alberto y apoyaba su cabeza en su cadera- Prefiero hablar contigo un rato.

-Vale-

Janet se tapó con las mantas y nos quedamos mirandonos por un momento sin decir nada, sin darnos cuenta comenzamos a susurrarnos sin apartar nuestras miradas, con dos sonrisas de idiotas levemente marcadas en nuestras caras.

-Cómo dejasteis el fuego encendido y nadie atendiendolo, pudimos morir quemados.

-Estaba vigilando yo pero me quedé dormida...

-Estás cansada, te mereces un descanso.

-Ya descansé...

Nos quedamos en silencio sin decir nada más, ninguna palabra que interrumpiera lo que los dos estábamos deseando en este momento. Nuestros labios se fueron acercando lentamente, sin prisas, hasta que al fin se rozaron e hicieron contacto. Besos suaves acompañados por pequeñas caricias que cada vez fueron creciendo en intensidad. Los dos cuerpos chocando, queriéndose convertir en uno solo, dejándonos llevar por el deseo, sin importar nada de lo que ha pasado o en lo que nos hemos metido. En este momento solo pensamos en nosotros en nuestro apetito insaciable, en nuestro placer, en nuestro amor. Amor forjado con la llama del deseo que nos lleva a recorrer cada centímetro de nuestros cuerpos con besos, caricias y pequeños mordiscos. Nuestros cuerpos desnudos, tan calientes como las brasas que nos envolvieron en está temperatura caribeña, empapados nos retorcemos llegando al mayor momento de clímax. Exhaustos, jadeantes y satisfechos nos acurrucamos y nos quedamos dormidos.

-Chicos... chicos...- Dijo Alex mientras movía a Alberto y a Janet para despertarlos.

-¿Qué pasó?.

-Nada, ya es de día, hemos preparado un desayuno para todos en la mesa. El ayuntamiento está despejado he ido a comprobarlo ahora. Tenemos que pensar algo al respecto.

Alex se va hacia la mesa mientras Janet y yo nos miramos, nos sonréimos y nos besamos.

-Buenos días-Susurró Janet al oído de Alberto mientras lo abrazaba suavemente.

-Buenos días.

Nos vestimos como podemos debajo de las mantas sin que se note demasiado y nos sentamos en la mesa, yo al lado de Alex y Janet al lado de Raquel, uno enfrente del otro. Tienen preparado un festín: café, pan tostado, cereales, zumo y galletas. Nos levantamos y nos sentamos en la mesa, Janet al lado de Raquel y yo al lado de Alex, uno enfrente del otro.

-Hombre mirad quien se ha despertado-Dijo Carlos sonriendo.

El loco se levantó y se quedó mirando para nosotros. De pronto su nariz comenzó a moverse como oliendo lo que había en la mesa. Un gesto que me proboca una risa estúpida e incontrolable. El tipo camina hacia la mesa y se sienta al lado de Carlos, coge un poco de todo y se pone a comer. Todos nos reimos.

-Despacio, no te vayas a atragantar.

En un abrir y cerrar de ojos, el tipo se levanta de la mesa y se va hacia su sitio, a la puerta secreta. Mirando las dos ruletas, su crucigrama, su misterio.

-Tenemos que hacer algo para estar a salvo y tranquilos aquí dentro.-Dijo Alex.

-¿A qué te refieres?.-Contestó Alberto.

-Estamos desprotegidos en caso de que vengan los infectados. Si entran seríamos como ratones encerrados, una presa fácil para ellos.

-Podemos montar guardias en el exterior.-Dijo Manuel.

-Pero como avisamos a los del interior en caso de que vengan y nos rodeen o algo. Estaríamos vendidos. Replicó Alex.

-Podemos montar guardia aquí dentro y echar agua en las puertas exteriores del ayuntamiento. El frío la congelará rápido y tendremos una cerradura natural montada.-Dijo Alberto.

-Sería, ¡sería perfecto!, Así en caso de que entraran que sería bastante difícil, podríamos avisarnos y contratacar de forma rápida. Buena idea Alberto.

-Otra cosa, Janet y yo pasamos por el corte ingés, está intacto. Nadie ha entrado allí. Tenemos todo para nosotros, ropa, comida, armas...-Dijo Alberto.

-Pero, ¿cómo entramos?, tiene verjas metálicas.-Dijo Raquel.

-La puerta de personal no, malo será que de una patada no entremos.

-¿Y que pasa con los cristales de los escaparates?, si vienen los infectados podrían romperlos y entrar.- Dijo Alex.

-No, esos no rompen son muy gruesos, los puso mi empresa cuando abrió el corte inglés en Vigo.-Dijo Manuel.

-¿Con este frío no se debilitan los cristales o algo?. Dijo Alicia.

-No, no pasa nada, aguantarían bien si vinieran los infectados por eso no debeis preocuparos, yo me preocuparía más de la puerta de personal por la que queréis entrar. Os pueden seguir.

-Dos personas podemos vigilar mientras los demás entráis a por cosas.-Dijo Carlos.

-Podemos ir a por un candado y una cadena, si vienen los infectados no podrán pasar y así podremos cerrar la puerta mientras estemos dentro y para otras veces que volvamos.- Dijo Alberto

-Muy buena idea, ahora solo falta decir cuando vamos.-Dijo Alex.

-Creo que es mejor que hoy descansemos y lo hagamos mañana. Nos merecemos un poco de descanso.

-¿Sabéis a dónde sería buena idea ir?, al hospital, no nos vendría mal algo de allí.-Dijo Alicia.

-Podemos ir nos queda de camino.-Respondió Carlos.

-También tendríamos que hacer algo con los cadáveres, los tenemos amontonados en una habitación y sería conveniente quitarlos antes de que se empiecen a pudrir. -Dijo Antonio.

-Cierto eso lo haremos luego en un par de horas.-Dijo Alberto.

A todos les pareció perfecto, Janet y yo nos miramos justo cuando terminamos de desayunar. Cada uno se va a hacer sus cosas, le digo a Janet que me espere un momento y me acerco a Alex.

-Alex, ¿te vienes luego conmigo al despacho del alcalde?, quizás allí haya algo útil.

-No, allí no hay nada, ya he ido y no hay nada.

-Bueno pero si quieres podemos echar un ojo entre los dos.

-No, no hay nada.

Me quedo parado mientras Alex se va a la habitación con Raquel, no entiendo porqué me contesta así, tan seco, además que siempre se apunta a ir a cualquier sitio. Janet me llama desde la puerta de nuestra habitación, me digo que quizás no sea nada y camino hacia ella. Al entrar me llevo una grata sorpresa, Janet ha recogido todo, cada cosa está en su sitio, no son muchas cosas pero las suficientes como para poder tener la habitación hecha una leonera.

-He leído lo poco que has escrito.

-¿Qué te parece?.

-Pues en tu linea, se nota que es tuyo le das un toque diferente a las cosas. La historia me parece muy buena, tienes que seguir haciendo más que me quedé intrigada.

-Está bien.

Le dije a Janet mientras la agarraba de la cintura pegandola contra mí y dándole un beso. Nos sentamos en la cama y comenzamos a charlar.

-No quiero que te pase nada Alberto, quiero que si haces algo o vas a algún sitio, quiero que me lo digas y quiero ir contigo, he perdido todo y no soportaría perderte a ti ahora mismo.

-Vale, te entiendo pero a veces son situaciones peligrosas y yo tampoco quiero que te pase nada.

-Si me pasa algo me aguanto pero al menos se que me pasará a tu lado y si te pasa algo a tí quiero estar a tu lado, no quiero...- Las lágrimas interrumpen a Janet impidiéndole continuar por un instante-No quiero despedirme de ti cuando ya estés muerto.

Janet llora desconsolada y hace que toda mi fuerza interior se venga abajo, la abrazo lo más fuerte que puedo hasta que comienza a calmarse.

-No pienses en eso, no sabemos lo que nos va a pasar, pero está bien, iremos juntos. Si no fuera por ti, ahora mismo estaría muerto.

Janet fijo sus ojos rojos en mí de tal forma que una carcajada se escapó de mi interior. Dicen que hay miradas que matan, esa podría ser una de ellas.

-Pero no te rías, como vuelvas a irte así te doy un hostión.

-Jajaja, está bien.

-Alber, que viste en tu casa, ¿llegaste hasta allí?.

-Sí, llegué, tuve que escapar de algunos infectados pero nada grave. Pues no había nada, el piso estaba vacío, no había señales de nada, todo estaba donde debería estar.

-¿No te dejaron una nota, ni nada?.

-No, no había nada.

-Tienes alguna idea de a donde podrían haber ido?.

-Pues no...

-Seguiremos buscando, ya verás que encontraremos algo en algún momento.

-Eso espero...

Miro a Janet y le doy un beso, realmente es lo único bueno que hay en este momento, sin ella no sería capaz de vivir ni un minuto.

-¿Qué le decias a Alex?.

-Le decía de ir al despacho del alcalde pero me contestó que no, muy seco.

-Anda, que raro, si siempre es agradable y se apunta a todo.

-Ya, a mi también me parecio raro no se... Pienso en ir de todas formas, ¿te vienes?.


 -Claro, vamonos ahora.
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