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jueves, 20 de junio de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x04 "Die Zeit ist der Schlüssel"


LA LLAMA DE HIELO

4.-“Die Zeit ist der Schlüssel

«Despertarse era un deber, luchar una obligación y el amor solo un regalo inesperado.»

Un techo forrado en madera me da los buenos días, las buenas tardes o las buenas noches... Quien sabe que día es. Mi cara está fría por la temperatura en la que estamos. Estoy dentro del saco, a mi lado está Janet que me sonríe.
-Hola- Sonó mi leve voz quebrada por un tiempo prolongado silenciada.

-Hola, ¿qué tal estás?.

-Jodido, me duele todo. ¿Qué me ha pasado?.

-Te han pegado hasta perder el conocimiento. Llevas dos días durmiendo y tienes el cuerpo lleno de moratones de los golpes. Tuviste la cara toda hinchada y asquerosa. Te he estado dando ibuprofeno para que te bajara eso, lo ha hecho, te estás recuperando muy bien. Estoy orgullosa de ti.

-¿Todo sigue igual?.

-Si, más o menos. Juan se ha ganado a la mayor parte de la gente. Se han creado dos bandos. En el que estamos; Alex, Raquel, Daniel, Manuel, Antonio, Maria, Camila, Javier, Carlos, Alicia la chica que se oponía a Juan en la votación, tú y yo.

-Alicia... ¿la que decía que había que dar media lata para cada uno?.

-Esa misma, se ha unido a nosotros.

-¿Quieres comer algo?, tengo un poco de pan por aquí y una botella de agua. Después del incidente se nos está racionando más de lo normal a nosotros. Ellos controlan todo. Están montándose cenas, comidas y meriendas sin control, a este paso se acabarán las reservas en poco tiempo.

-Tenemos que irnos de aquí, hay que buscar una forma.

-Primero tienes que recuperarte, luego ya veremos que hacemos.

-Estoy bien, quiero salir fuera...

-Mmmm no es buena idea... A los dos chicos que agrediste al salir de la habitación... Mataste a uno y el otro está gravemente herido.

-Que se jodan, que no se metieran en el medio.

-No puedes hacer eso Alberto, la gente quiere que pagues por ello. No puedes ir matando a quien te de de la gana.

-No me importan una mierda, tan pronto pueda largarme de aquí se pueden ir todos al infierno. ¿A ti te han hecho algo?.

-No...

Janet apartó la mirada como ocultando algo. Pude notar como juntaba sus manos y se ponía algo nerviosa al recordar algo. Me incorporo en la cama lentamente por el dolor, miro a los ojos a Janet y le pregunto.

-¿Qué te han hecho y quién?.

-No ha sido nada.

-Janet, ¡dime que pasó!.

Podía sentir mi sangre corriendo por mis venas, ganas de venganza otra vez. Si la han tocado pagaran por ello, de eso estoy seguro.

-Ha sido uno de ellos... No se su nombre, ha intentado violarme mientras te daban una paliza. Se metió en la habitación y me sacó del saco. Le di un puñetazo en la nariz y una patada en los huevos. Se quedo tirado en el suelo gritando de dolor. Seguidamente salí a fuera, me cogieron entre varios, nos metieron a los dos dentro de la habitación y cerraron la puerta.

-No te preocupes por él, no te volverá a molestar.

-Alberto no hagas nada. Será peor.

La puerta se abrió mientras Janet y yo nos mirábamos fijamente a los ojos. Tras la puerta apareció Alex. Entró apresurado con una sonrisa en la cara al verme despierto y cerró la puerta.

-Colega, ¿cómo vas?.

-Con ganas de acción, ¿Qué tal están las cosas ahí fuera?.

-No te voy a engañar, están muy jodidas. Hay quien pide tu muerte. La gran mayoría, quieren que se te meta una bala en la cabeza. El señor Manuel ha pedido un juicio justo. Se han reído pero Juan lo ha aceptado. Está ganándoselos a pasos agigantados. Hay que buscar una solución a esto o nos matarán a todos.

-¿Sigue habiendo vigilancia en mi puerta?.

-Si, por las noches hay un tipo vigilándola. Los demás están en sus habitaciones.

-¿Puedes encargarte del esta noche?.

-¿Qué tramas Berto?.

-Nada en concreto. Solo libérame la entrada.

-Perfecto, en un par de horas habrán acabado de cenar y se irán a la cama. Están bebiéndose todo el alcohol, eso hará que duerman rápido.

-Genial, vete ya y que Raquel se quede en la habitación con el peque. Iremos tú y yo.

-Yo también quiero ir- Interrumpió Janet.

-No, tú no puedes ir, debes quedarte aquí. Cuantos más seamos, más ruído haremos. Hazme caso.

Janet me miró con cara de desaprobación. Es lo mejor para ella si quiere sobrevivir. Si la ven en todos mis planes desconfiaran plenamente e igual la condenan a muerte también.

-Bueno, yo marcho ya. Acuérdate, en dos horas vendré por aquí.

-Perfecto, hasta entonces.

Alex sale de la habitación, Janet se mete dentro del saco y se da la vuelta dándome la espalda.

-¿Vas a dormir?.

Silencio absoluto. Abrazo a Janet y le doy un beso en el cuello.

-Vete a la mierda.

-Es lo mejor Janet, hazme caso. Las cosas se van a poner feas y si te ven conmigo fuera te pueden condenar a muerte conmigo.

Janet se dio la vuelta y se me quedó mirando con los ojos llorosos.

-¿Te crees que prefiero vivir si tú no estás aquí?, estoy sola aquí dentro Alberto y posiblemente fuera se hayan muerto todos con el frio o la gripe solar. Eres lo unico que tengo ahora mismo. Las únicas muestras de cariño que tengo son tuyas y además me gustan.

Me gustaría contestarle, decirle algo que la calme pero no se me ocurre nada. Ni una palabra puede escaparse de mi boca para tranquilizarla. Lo único que se me ocurre es darle un beso. Lo que hace que se ría y me llame imbécil.

-Tengo miedo Alberto. En tan solo unos días nuestras vidas han cambiado por completo.

-No pienses en ello Janet, dejate llevar por este momento. Piensa en lo que hacemos ahora estando aquí, no pienses en lo que pasó o en lo que podrá pasar, porqué eso te impedirá disfrutar de lo que hagas ahora. Si siempre piensas en pasado estarás pensando en si hubiera hecho, si hubiera dicho. Si hablas en futuro dirás me gustaría esto, me gustaría aquello. Vive en el presente, haz lo que quieras, di lo que quieras y que tus actos tengan sus consecuencias. Disfruta de cada decisión y de cada momento.

-Entonces te digo que te quiero y que haberte conocido en este bunker es lo único bueno y positivo que tengo.

-Yo puedo decir lo mismo de ti pero no puedo decir que te quiero por que no siento nada solo cariño. Me atraes pero no siento amor aún.

-Soy una idiota, ves no tenía que haberte dicho esto.

-No te preocupes, ya iremos viendo como avanza esto.

Pude notar una pequeña tristeza marcada en la cara de Janet. Sé que no soy el mejor hablando estas cosas y que no lo digo con las mejores palabras pero no se me puede negar sinceridad en ellas. Realmente ella me gusta y me atrae pero no siento nada como para decirle que la quiero. Quizás con el paso de los días y el cariño vaya aumentando si que pueda decírselo pero ahora mismo no. Tras un breve silencio incómodo decido romper el hielo.

-Janet, ¿sabes lo que me pasó mientras dormía estos días o estaba en un coma raro?.

-No, dime.

-Soñé con una nueva historia. Quiero escribirla. Por suerte tenemos folios y bolis, no suelo escribir en papel pero bueno, algún día tendría que ser la primera vez.

-¿De que va?.

-Es un secreto.

-¿Me dejarás leerla?.

-Claro, así me podrás ir dando tu opinión.

-¿Cómo se llamará?.

-La llama de hielo.

-Me gusta, es intrigante y contradictorio. Seguro que le das tu toque especial.

-Me pondré a ello, mientras no viene Alex.

Le di un beso en los labios a Janet y me levante de la cama. Me puse una manta por encima para escapar de este frío aunque solo sea un poco. Janet se queda en la cama con los ojos cerrados pensando en a saber que. Le echo las otras dos mantas por encima y me voy hacia el escritorio donde comienzo a escribir la que será mi siguiente novela, “La llama de hielo”. Pena que no se pueda publicar nunca. Pasará al olvido como la existencia de la humanidad si no se arregla el sol.

Hoja tras hoja mi mano no se detiene ni un segundo. Las ideas y las palabras fluyen por el mismo río a gran velocidad, desembocando en mi mano, dejando un reguero de tinta en el papel que confeccionan cada una de las letras que compondrán esta nueva historia. Sin apenas darme cuenta con la noción del tiempo perdida, escucho un golpecito en la puerta. ¿Será Alex?, Me acerco a la puerta y justo cuando voy a pegar la oreja a la puerta, se abre y me golpea en la cara. Otro golpe más... De mi boca se escapó un pequeño grito.

-Tío, ¿qué haces detrás de la puerta?. Vaya hostia que te he dado. Te está sangrando la nariz.

-Joder, podías llamar o algo....

Podía sentir un dolor en la nariz insufrible, de esos que hacen que te salten las lágrimas sin poder detenerlas. En este momento comenzó una conversación absurda y surrealista en voz baja, casi susurrando.

-¿Qué coño hacéis me habéis despertado?, que demonios... ¿otra vez estás sangrando?, a este paso vamos a necesitar un hospital para ti. ¿Qué hiciste?. Eres un pupas...

-Nada, me dio con la puerta, ¡no grites, o se darán cuenta!.

Janet comenzó a reírse como si estuviera recordando esos videos que se veían de gente dándose golpes absurdos.

-¿Dónde está el guarda?.

-Tirado en el suelo, lo he noqueado.

-Mételo dentro, ¿qué quieres que se despierte y nos la líe?

Arrastramos al guarda al interior y comienza el saqueo. Le quito el rifle, un Kar98 sin mira telescópica. Un fusil MP44 y una reliquia. Una Luger de 9mm. También le quito una bandolera cargada con balas para las tres armas. Esto me preocupa, seguro que se han armado los que van con Juan, los principales que le apoyaban.

-¿Todos llevan armas?.

-Si, los quince que le apoyan, van armados. Los otros murieron y el que está moribundo tampoco tiene armas.

-Joder, lo que nos faltaba. Janet, tienes que vigilar al memo este. Si se despierta ya sabes, déjalo KO otra vez. Ten esto.

Le quito un cuchillo de la SS oficial y se lo entrego a Janet.

-Si se mueve córtale el cuello sin dudar. Alex, vuelve a tu habitación, si te ven conmigo puedes jugarte el tipo.

-No me importa, quiero estar contigo en esto.

-¿Seguro?, puedes salvar tu culo.

-¿Alguna vez has disparado un arma?.

-Mmmm se apunta y se dispara apretando el gatillo. ¿Qué más quieres que sepa?.

Alex me quita el Kar98 y el MP44 para quitarle los cargadores y comprobar que hay balas. Mueve unas palancas que me dice que son el seguro. Curioso sin duda, acaba de dejarme como un panoli.

-Ahora ya puedes hacer eso que dices y si, estoy seguro y quiero estar contigo en esto.

Le doy el Kar98 y yo me quedo con el MP44 y la Luger. Le hago una señal y salimos de la habitación. La gran sala está casi vacía. El tipo raro sigue mirando a la puerta secreta, la posible habitación de Hitler. Ese hombre está loco. Ha perdido peso, seguro que no come desde que está aquí. Camino con sigilo hacia el pasillo principal. Al llegar me meto por él. La vista es horrible, Hay sangre por todos lados, la madera del campo de acción de los explosivos que utilizaron se ha volatilizado. Hay ceniza por todos lados. El hormigón está intacto es demasiado resistente. La alfombra también se ha quemado. Toco la puerta principal e intento empujarla o abrir hacia dentro. Nada, está sellada y no hay manera de abrirla. Mi mirada va hacia el suelo y un escalofrío recorre mi cuerpo al ver algo en el suelo. Son letras. Comienzo a limpiar el hollín con mis manos. Alex se me queda mirando y al ver lo que hago se une a mí. Cuando por fin conseguimos limpiar de hollín el suelo de hormigón, contemplamos una frase en lo que parece alemán. “Die Zeit ist der Schlüssel”, que significará esto. Un chispazo recorre mi cerebro y me echo a correr hacia la gran sala. Alex me llama a gritos en voz baja, algo que siempre me hizo gracia pero en este momento no había tiempo para reírse. Estábamos corriendo gran peligro si nos descubrían, sobretodo yo que me tienen en el ojo de mira. Corro hacia el lunático que mira la puerta sin saber muy bien porqué.

-Oye loco, ven conmigo.

Nada como quien habla con una pared. El tío pasa de todo. Tras varias intentonas nada. Me pondría delante del pero tengo miedo que me de otra hostia. Tengo el cupo lleno.

-¿Sabes alemán?, hay algo en el suelo de la entrada que te pueda ayudar a descifrar los dos códigos de la puerta.

El lunático giró la cabeza como si fuera un androide y se me quedó mirando con unos ojos abiertos como platos. Unas ojeras que daban miedo y un olor a sudor asqueroso. Se dio la vuelta y comenzó a caminar apresurado hacia la puerta de entrada. Al llegar leyó la frase del suelo en voz alta y comenzó a decir “El tiempo es la llave, el tiempo es la llave, ...” Así una y otra vez, como un loco. Bueno, como lo que es, un perturbado que quizás pueda abrir esa puerta. Se pone en camino hacia la gran sala otra vez. Pero algo perturba mi mirada hacia él. Un grito de una chica, Janet. Me echo a correr hacia mi habitación y al llegar contemplo a Janet encima de la cama y al tipo encima suya. Lo agarro por los hombros y lo tiro al suelo. Al caer se da la vuelta y veo el cuchillo de la SS clavado en su cabeza. El cuchillo entró por la parte baja de la mandíbula hasta posiblemente cortar su cerebro. La cama está manchada de sangre, una sangre que sale de su garganta como si fuera una fuente. Escucho las puertas de las habitaciones abriéndose. Alex no está con nosotros en la habitación, se ha quedado atrás. ¡Mierda!, Salgo apresurado con el MP44 en mis manos apuntando hacia delante. Al llegar a la puerta solo consigo dar un paso hacia afuera. Dos están apuntando a Alex a la cabeza y Juan camina hacia mí apuntándome con otro MP44. El resto de su grupo está en abanico apuntándome. Los demás habitantes del bunker permanecen a la espera de acontecimientos desde las puertas de sus habitaciones. Puedo ver al hijo puta de la nariz rota, el que intento violar a Janet.

-¡Tira ese arma!, más te vale tirarla o te mataremos aquí mismo. Espero que Luis esté bien, como le hayas hecho algo, tu sentencia estará tomada, ni juicio ni hostias.

-Mejor será que no des ni un paso más Juan, o tu cabeza será la primera en explotar.

-Acaba con el jefe, así podre follarme a su putita.

-Toni, te he dicho más de una vez que como no te comportes también acabarás muerto. Dijo Juan.

Un gruñido salió de mi boca, quería acabar con ellos en este preciso momento pero estaba en desventaja y tenían a Alex. El cabrón se llama Toni, será el primero en caer.

El semicírculo se fue cerrando paso a paso hacia mí. Me quedaba sin opciones. La tensión se podía cortar con un cuchillo, el sudor frío salia de mi frente. El frío había desaparecido. La adrenalina se habría camino calentando mi cuerpo.

-Alber, tira el arma, es lo mejor. Ahora no podemos hacer nada.

Janet susurró en mi oído con una voz pausada y tranquila lo que debía hacer como un hilo de conciencia al que escuchas y haces lo que te dice. Tire el MP44 y la Luger al suelo. Juan se acercó a mí, me agarró del anorak y me llevó al centro de la sala. Me rodearon entre todos, apuntándome con sus armas. Mi fin había llegado. Quizás debería tener miedo pero no lo sentía así. Estaba totalmente tranquilo, mi agonía se acabaría en ese momento, se acabaría el pasar frío, el dolor y lo que viniera después. La respuesta fácil a los problemas difíciles. Juan me dio un golpe en la parte trasera de las rodillas lo que hizo que me cayera al suelo de rodillas tras un grito. Pude sentir como el cañón frío, congelado, de la MP44 besaba mi cabeza. El beso de la muerte, mi fin, mi adiós. Una última mirada hacia Janet, en este momento si que sería capaz de decirle que la quiero, me dio los únicos momentos buenos y agradables aquí dentro. Me gustaría haberla conocido fuera, en otras circunstancias. Irnos los dos a tomar un café, pasear por samil en un atardecer, mirar al mar sentados en el náutico, caminar por las calles de Vigo cogidos de la mano. Tantas cosas que podríamos haber hecho en otras circunstancias que ahora no haremos. Yo me iré y a ella, a saber lo que le harán. Me gustaría ser un superhéroe o que pasara algo como en las películas. Podría empezar a repartir golpes como un auténtico luchador de artes marciales pero no. Yo no soy nada, solo un tipo de la calle, un simple escritor que antes de esto se ganaba la vida como vendedor, salvando cada día sin pensar en el siguiente. Janet está llorando, pobrecilla... El hijo de puta con la nariz rota la está agarrando, la sangre me hierve quisiera acabar con él ahora mismo. El corazón quiere escaparse de mi pecho jadeo tras jadeo.

-¿Unas últimas palabras antes de morir?.

-¡Qué te folle un pez cabrón!.

-Mmeeccc, error, esas no son las palabras correctas.

-Juan, entra en razón, tienes que hacer un juicio.-Replicó Antonio el señor mayor.

-Tenemos un asesino entre nosotros y me pides un juicio... ¿Qué me decís los demás?, vida o muerte.

La mayoría gritó al unísono, “Muerte”. Mi sentencia, era el fin.

-Adiós cucaracha...

De pronto un ruido procedente del pasillo hizo que abriera los ojos y que todos miráramos hacia atrás. La puerta se estaba abriendo, la puerta principal. Nuestra salida, somos libres, esto se ha acabado...
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"La llama de hielo" por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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