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jueves, 30 de mayo de 2013

"La llama de hielo" Capítulo 1 "Todo final tiene un comienzo" por Alberto Leiva


La llama de hielo

1.-”Todo final tiene un comienzo”


«La soledad dio paso a la tristeza, acompañada por la oscuridad que hay en la pérdida de todos los corazones. Vacíos que nos alejan y nos dejan ausentes de la realidad e inmersos en un sin fin de melancolía»




Todo comenzó hace un mes. El 12 de diciembre de 2018. Yo estaba en el concello de Vigo. Inaugurando una estatua de Jensen en la plaza del rey cuando sucedió. Un estallido en el sol, una tormenta solar... No lo sabemos con certeza. Lo único que sabemos es que ese fue el origen de todo. Después de que sucediera eso, el sol perdió luz. Pasó a un estado de hibernación o algo por el estilo. Los días pasaron a ser como amaneceres o atardeceres. El sol se empezó a ver como si fuera otra luna. La temperatura del planeta comenzó a descender. En dos semanas nos pusimos en 50º bajo cero. Todo se congeló. Ríos, lagos, fuentes, calles, todo... La propia ría de Vigo se ha congelado.

Estamos refugiados en un bunker que se construyó en la segunda guerra mundial. Cuando me dijeron la localización del bunker y que era el único sitio donde podríamos vivir un tiempo, me quedé boquiabierto. El propio alcalde me contó en el momento de la explosión la existencia del bunker. Está situado debajo del Castro. A unos quinientos metros de profundidad. Lo construyeron los nazis cuando se inició la guerra civil española. Al parecer querían tener un sitio seguro donde no ser descubiertos por si algún día tenían que escapar por aquí. El alcalde me contó que Hitler no murió en 1945. Escapó hasta Vigo, donde pasó una temporada escondido en el bunker, en este jodido sitio. Al mes de estar aquí esperó que todo se calmara y se escapó en un minisubmarino hasta argentina.

Me da asco el pensar que en este mismo sitio vivió ese mal nacido, respiró este aire y paseó por este suelo.

El bunker no es muy grande. Tiene una gran sala central. Es circular con mesas, sillas y una barra de bar. Aquí es donde comeremos y donde charlaremos. A esta sala se accede por un pasillo que va a dar al concello, donde hay un montacargas para subir o bajar. Al rededor de la sala central hay muchas puertas que van a dar a 50 habitaciones. Cada habitación cuenta con una cocina y un baño. También tienen un armario tan grande como una pared donde entra multitud de ropa. Justo enfrente del pasillo está la que dicen que fue la habitación de Hitler. Está cerrada por un código mecánico de piezas. No sabemos cual es la clave y no podemos acceder a ella. Las puertas dentro de este bunker son de hormigón con hierro. También hay 5 almacenes. Todo el bunker está forrado de madera con aislantes. En el pasillo desde el concello hasta la gran sala, en el suelo hay una alfombra roja con la “flor de nieve” dibujadas en los laterales. En la gran sala hay una alfombra también roja que cubre todo el suelo, esta tiene dibujos distintos como las típicas alfombras de salón. En las habitaciones hay moqueta de color rojo.

Aunque la temperatura en el exterior es de 50º bajo cero, en el interior del bunker la temperatura es de cero grados. Comparado con el exterior aquí estamos en verano. Como decía aquí dentro somos cien personas. Todos desconocidos. Personalmente no conozco a ninguno de los noventa y nueve. Hay de varias edades. Hay dos niños y exceptuando a cuatro ancianos los demás somos hombres y mujeres de entre dieciocho y cuarenta y cinco años. Es nuestro primer día aquí dentro. Ni siquiera sabemos que hacer, ni que va a pasar, ni como vamos a sobrevivir a esto. La temperatura en el exterior es demasiado extrema. Nuestras familias y amigos... En su mayoría están muertos o desaparecidos. Las comunicaciones se destruyeron con la gran explosión pero para colmo esta no fue la única catástrofe. Algo pasó con la explosión del sol. A los dos días la mayor parte de los humanos contrajeron una enfermedad extraña. Era como una gripe pero algo más fuerte. Los ojos se te iban poniendo cada vez más amarillos, hasta que llegaba un momento que empezaban a sangrar. Así hasta la muerte. Ningún medicamento hacía efecto. Al día siguiente de aparecer esta enfermedad una enfermera se presentaba en tu casa con un maletín escoltada por dos militares. Ella te tomaba una muestra de sangre y se iba al siguiente piso. Así hasta hoy por la mañana. Al parecer nosotros cien somos inmunes a ese virus. Militares han ido a nuestras casas y nos han arrastrado por la fuerza hasta este bunker. Se nos ha metido aquí dentro y se ha cerrado la puerta desde fuera. Dijeron que en cuanto se estabilizara la situación fuera, nos sacarían. El alcalde dijo que aquí dentro tendríamos alimento para un año entero. Sí... el alcalde también estaba infectado. Sus ojos eran casi rojos ya. También dijo que nosotros eramos la última esperanza para la humanidad en caso de que no se estabilizara la situación. Esto nos lo dijo una vez dentro del Bunker. Un portátil puesto en el medio de la sala central con un dvd listo para introducirlo y reproducirlo.

Las primeras horas aquí dentro fueron un caos, todos empezamos a golpear la puerta de entrada/salida pero no se puede tirar abajo una puerta de hormigón con hierro. Por lo menos no con lo que hay aquí dentro. He estado tranquilizando a todo el mundo y diciéndoles que encontraremos una solución a todo esto. También es cierto que mi mirada se centro más en una chica. Una chica de piel morena, ojos marrones brillantes, pelo rubio, estatura normal y delgada. Debe tener unos treinta y dos años. Se pasó todo el tiempo sentada en una esquina de la sala central. Según mi reloj llevamos cinco horas aquí dentro. Debería hablar con ella.

Me acerco a la chica y me agacho a su lado. Pongo mi mano izquierda en su rodilla izquierda y mi mano derecha en su hombro derecho.

-Hola, ¿estás bien?.

Que pregunta... pues cómo quieres que esté. Su familia y amigos están fuera muertos o muriéndose y ella está aquí encerrada con noventa y nueve desconocidos.

-Hola... pues mal...

La chica alzó su mirada y la clavó en mis ojos. Su tristeza se escapaba a través de sus ojos y se clavaba en mi corazón, desgarrándolo tantas veces que hacía que me doliera.

-No te preocupes, yo estaré a tu lado en todo lo que necesites.

Bravo campeón, te has vuelto a lucir. A dónde pretendías ir si no puedes salir del bunker...

-Me llamo Janet.

Janet extendió su mano para estrechármela. Así que yo le devolví el gesto.

-Yo me llamo Alberto.

-Sabía que te conocía. ¡Eres el escritor de “El diario de Jensen”!, Me leí tu libro y vi la película.

-Oh, vaya, si soy yo. ¿Qué te ha parecido?

-Me ha encantado pero tengo que reconocer que me gustó más el libro que la película. El libro era más personal y la película tiró un poco más hacia los efectos especiales que hacia el sentimiento del personaje en cada fase del libro.

-Me produce un enorme placer oírte decir eso. Ya sabes como son los de Hollywood. Cogen un libro y lo destrozan para hacer una película que rompa las taquillas.

-¿Qué te ha pasado?, desde Jensen no has escrito más.

-Bueno, con “El diario de Jensen”, conseguí todo lo que había soñado. Reconocimiento mundial, multitud de premios. El dinero y las ofertas me llovían torrencialmente. Se hizo la película, se hicieron comics y todo el merchandaising que le acompaña. Eso fue en 2014. De cierto modo al tenerlo todo me relajé pero no dejé de escribir. He escrito nuevos relatos cortos y nuevos libros pero no me he atrevido a publicarlos. Temía que si publicaba uno y no conseguía el mismo éxito que con “El diario de Jensen”, mi historia como escritor habría fracasado. La vida en estos años tampoco me fue una vida de rosas.

-Lo siento...

-No te preocupes, ya está todo arreglado. Bueno Janet, voy a ver que tal están los demás.

Janet me hizo un gesto de aprobación y me levanté. Pude ver como la gente ya se había ido calmando. Alguien debería decir unas palabras y no sé porqué siento que las tengo que decir yo.

-Hola a todos. Me llamo Alberto. Esto que nos han hecho es una putada. Nuestros familiares y amigos están fuera y no podemos salir. Estamos atrapados. Ahora mismo no estamos lo suficientemente lúcidos ni despiertos como para pensar en un plan de huida o por lo menos para poder entrar y salir de este lugar. Lo que haremos será comenzar a instalarnos y a buscar algo de la despensa para cenar. Deberíamos nombrar a alguien para que se encargue de racionalizar la comida. Yo he pensado en los más mayores. Nadie mejor que ellos van a saber racionar la comida para todos nosotros. Yo les echaré una mano en todo lo que necesiten. Como os fijáis hay cincuenta habitaciones y somos cien. Pienso que deberíamos dormir de dos en dos. ¿Estáis de acuerdo con estas medidas?.

-¡Sí!.

Un rotundo sí, afirmativo me hizo sentirme bien. De pronto todos empezaron a moverse a hacer lo que les había propuesto. Sus caras cambiaron, ya no estaban con tanta ansiedad. El tener algo que hacer es lo que nos hace vivir cada día. Camino hacia la puerta secreta. Según nos dijo el alcalde aquí vivió Hitler. Seguro que era su habitación o algo. La puerta está cerrada. En el lado derecho hay dos ruedas de números una encima y otra debajo. Como en los candados. Son dos cifras de cuatro dígitos. Supongo que la puerta solo se abrirá poniendo los dos códigos. ¿Qué habrá ahí detrás?. La duda me puede, la intriga de no saber que habrá al otro lado de la puerta.

-Señor.

Una voz de niño hace que me de la vuelta y mire hacia abajo. Es uno de los niños. Debe tener unos siete años, tiene el pelo rubio a lo calimero y ojos azules.

-Hola, pequeñajo, ¿en qué puedo ayudarte?.

-Dice mi madre si quiere venir a dormir con nosotros a nuestra habitación.

El niño me señaló a su madre que nos estaba mirando con cara de no saber lo que estaba pasando. Entonces ella llamo a su hijo.

-¡Daniel, quieres venir aquí y dejar a ese chico en paz!

-No se preocupe, él es un buen chico. Me ha venido a decir que usted le dijo que quería que durmiera con vosotros.

-Jajajaja, que idiota es, espero que no le haya molestado.

-No, no, para nada.

-De todas formas si quiere puede dormir con nosotros.

-Agradezco la oferta pero vosotros ya sois dos, eso dejaría a alguien solo y con este frío necesitamos darnos calor cuando durmamos.

-Entiendo...

-Oh no, no me malinterprete, me encantaría dormir con vosotros pero estaría siendo injusto con alguien. Gracias de todas formas. Por cierto, mi nombre es Alberto.

-Yo soy Raquel, y este granuja es mi hijo Daniel.

Le doy dos besos a Raquel y le doy la mano al pequeño Daniel. El se me queda mirando con cara enfadada. Creo que me odiará por un tiempo. Ellos se meten en la habitación y yo me voy hacia los almacenes. Quiero ver que hay en ellos.

Al llegar descubro que hay un montón de latas de conserva. Todo lo que pueda estar en latas lo hay aquí dentro. Bebidas de todo tipo, refrescos, alcohol, agua. También hay mantas y sacos de dormir. Mantas damos a tres por habitación y sacos de dormir a uno por habitación. Por suerte son sacos grandes, entran dos personas perfectamente. Tendremos que dormir juntos. Espero que no me toque dormir con un señor... tenía que haber dicho que sí a la chica y a su hijo.

En otra de las despensas también hay armas. Todas armas alemanas de la segunda guerra mundial. Esto es un peligro tenerlo con los niños y sin conocer a la gente. Debería cerrar esta puerta y guardar la llave. Tengo que decírselo a todos pero me da que habrá tensiones. Al fin y al cabo yo no soy nadie para tomar el mando de todos ellos. Me dirijo al centro de la sala. La gente ya está instalándose en las habitaciones.

-Por favor, venid todos un momento. Tengo algo que comentaros.

Esperé un momento a que se acercaran y comencé a explicarles.

-Bueno, veo que os estáis instalando en las habitaciones. Yo he visto los almacenes y tenemos comida y bebida de todo tipo y en abundancia. Aun así debemos racionarla lo máximo posible. Hay productos de limpieza y de higiene personal. Hay mantas, las he contado y hay tres mantas por habitación, así que luego haremos el reparto. Son todas iguales así que no habrá problemas. Hay sacos de dormir pero solo hay cincuenta. Uno por habitación. Con el frío que tenemos, no podemos arriesgarnos a enfermar. Hay medicamentos pero no hay muchos. Así que he pensado que deberíamos dormir las dos personas de la habitación dentro del saco. Por otro lado en uno de los almacenes hay armas alemanas de la segunda guerra mundial con municiones en abundancia. Consideré oportuno cerrar ese almacén con llave y guardar yo la llave. No sé si os parece bien o no pero creo que es lo más correcto. Así todos dormiremos seguros.

-¿Y si nos quieres matar?.

-¿Y si nos quieren matar?

-Nadie os va a querer matar. Estamos encerrados en un bunker y no podemos salir... ¿Además nadie sabe usar un arma no?.

-Yo sí, me llamo Alex y he sido sargento en el ejercito de tierra. Estoy de acuerdo con tu propuesta de cerrar la puerta con llave. Te apoyo.

Se hizo un murmullo y salvo unos pocos que me miraban raro, el resto me dio la razón.

-Está bien, procederemos entonces a repartir las mantas y los sacos. Alex y Raquel, ¿podéis hacer los honores?. Los demás haremos una cola y esperaremos nuestro turno para recibir las mantas y el saco de dormir.

Todos asintieron. Alex y Raquel se miraron y se dieron dos besos. Se pusieron manos a la obra.

-Y una cosa más, después de que termine la cola y montemos nuestras habitaciones. Los cuatro señores empezaran a coger lo que será nuestra cena de esta noche. ¿Os parece bien?. Yo les ayudaré y los demás os podréis sentar y charlar un rato.

Los señores me dijeron que sí con las cabezas y se empezó a montar la cola para recoger las mantas y el saco. Yo me fui al último puesto. Una voz ya familiar se acercó a mí.

-Alberto, ¿dormirías conmigo?, eres la única persona que conozco y con la que me siento segura.

-Por mi encantado Janet. Tendremos que buscar una habitación.

-Ya tengo una, la veinticinco.

-Me gusta ese número, es mi número favorito.

-El mio también.

Janet sonrió y se quedó a mi lado. En ese momento ya no pronunciamos ni una palabra más. Esperamos nuestro turno y recogimos nuestras tres mantas y nuestro saco de dormir.
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"La llama de hielo" por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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