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domingo, 20 de octubre de 2013

¡¡Vuelvo próximamente!!

Después de este parón de 4 semanas vuelvo está semana con las pilas cargadas y con muchas ideas y proyectos para sorprenderos como siempre he hecho. Gracias por estar ahí a todos y espero que os gusten mis nuevas ideas como a mí que me apasionan. Nos vemos pronto!!

jueves, 26 de septiembre de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x15 "Compras"

LA LLAMA DE HIELO



15-.”Compras”



«La felicidad no se alimenta con la ambición si no de las pequeñas cosas que se cruzan en tu camino sin ser esperadas.»


Sin perder tiempo salimos de la casa de Mónica y nos vamos en dirección al Corte Inglés. Después de estar con el calor de las hogueras el frío es muchísimo más agudo y penetra con mayor facilidad hasta llegar a los huesos, donde los muerde hasta hacerte sentir un dolor punzante. Parece que la ventisca ha bajado en intensidad, nos dará tiempo de llegar al corte sin problemas, espero que no haya infectados. Salimos a la calle donde está completamente despejada, algo que ya es una rutina, hace unos meses eso era impensable en una ciudad como Vigo, siempre llena de gente. Bajamos por gran vía hasta la puerta de personal del corte. El candado sigue puesto, las chicas me miran mientras intento sacar la llave del bolsillo de mi pantalón, algo que me resulta realmente complicado con los guantes puestos. Las chicas comienzan a reírse mientras me ven forcejeando con el bolsillo, finalmente consigo atrapar las llaves y sacarlas de mi bolsillo. Abro el candado y entramos. La luz sigue encendida desde ayer. Luces que encendieron Carlos y Raquel. No sé cuanto tendrá de vida el generador del este local, tengo entendido que podía aguantar bastante. Vuelvo a cerrar la puerta con el candado, si vamos a estar aquí dentro lo que menos me apetece es que se convierta en una ratonera.

-Vayamos al supermercado, seguirme.-Dijo Alberto.

Mónica y Nuria asienten con la cabeza y me siguen. Recuerdo cuando trabajaba aquí, no sé como lo conseguía pero todos los días llegaba tarde. Una gran época en este establecimiento, recorriendo los pasillos de un lado para otro. Bajamos por unas escaleras que nos llevan hasta los vestuarios, un chispazo hace saltar un recuerdo en mi cabeza. Este sitio también tenía un depósito de agua y en los vestuarios hay duchas, con un poco de suerte, hay agua caliente.

-Chicas, vamos a los vestuarios, quizás podamos ducharnos.

-¿Qué dices?, mataría por una ducha.-Dijo Mónica.

-No juguéis con mis ilusiones por favor.-Dijo Nuria.

Entramos y me voy a una de las duchas, abro el grifo y “voila”, sale agua fría que al rato comienza a calentarse.

-¡Agua caliente!.

Comenzamos a gritar y a reír como idiotas, como niños pequeños sin pensar nos quitamos la ropa y comenzamos a darle a todos los grifos de las duchas. Comenzamos a correr de un lado para otro bajo una lluvia de agua caliente.

-Mierda, pero no tenemos champú.-Dijo Mónica.

-Esperad...-Dijo Alberto.

Salí corriendo del vestuario en dirección al supermercado, desnudo, desarmado y completamente mojado, resbalando por un suelo que parecía un tobogán. Por suerte la entrada al supermercado está al lado de los vestuarios. Entro en él y voy corriendo por los pasillos en busca de champú. Al fin los encuentro, cojo uno para la cabeza y un gel para el cuerpo, voy al pasillo de las toallas y cojo unas cuantas, sin contarlas. Vuelvo corriendo y riendo por los pasillos con mi botín entre los brazos. Patinando por los pasillos intentando mantener el equilibrio para no esnafrarme contra el suelo y acabar rompiéndome la nariz o la cabeza. Llego al vestuario haciendo una entrada triunfal patinando.

-¡No me lo creo jabón!, oleremos bien. Jajajaja.-Dijo Nuria.

-Tomar, también traje unas toallas.

-No me lo creo, eres mi héroe, jajajajaja.-Dijo Mónica.

Comenzamos a cantar y a saltar bajo las duchas, emborrachados por la felicidad que nos proporcionaba volver a sentir agua caliente en nuestros cuerpos. Con el paso de los minutos era difícil vernos entre si y eso que estábamos al lado pero la nube que habíamos generado de vapor por el calor era impresionante. Decidimos salir del agua con nuestra piel toda arrugada por el agua y comenzamos a secarnos con las toallas.

-Me encanta el tacto de las toallas nuevas- Dijo Mónica.

-A mi también es una sensación única.-Dijo Nuria.

-Mierda, no tenemos secador...-Dijo Mónica.

Nos reímos completamente relajados tras la ducha con una cara de felicidad que nada nos la podría quitar, en este momento no. Es lo único positivo de que todo el mundo se haya ido a la mierda, que estas pequeñas cosas como pueden ser el darse una ducha, lo que antes era una acción cotidiana sin mayor importancia ahora era una de las mejores cosas que te pueden pasar. Si hay algo que he aprendido desde que esto empezó es a vivir en el presente, sintiendo cada momento que va pasando en directo, sin mucho tiempo para pensar en pasados o en las consecuencias futuras de los actos, simplemente vivir el momento presente y disfrutar al máximo de él.

Al terminar de vestirnos nos ponemos a caminar suspirando, recordando la maravillosa ducha que nos acabamos de pegar. Entramos en el supermercado y dejándonos llevar por nuestro instinto o nuestro niño interior comenzamos a correr por los pasillos, abriendo cajas de bombones, chocolates, patatillas, etc. Todo lo que no comemos desde hace un montón de tiempo. Con la noción de tiempo completamente perdida nos miramos y volvemos a reír.

-Creo que deberíamos empezar a llenar carros con lo que nos queremos llevar.-Dijo Alberto.

-¿Carros?.-Dijo Mónica.

-Es la mejor forma de llevar muchas cosas.-Dijo Alberto.

-¿Cómo piensas mover las ruedas de los carros por la nieve?- Dijo Nuria.

-Cierto, mmmm podríamos ponerles unos skis.-Dijo Alberto.

-Podríamos unirlos con cuerdas y taparlos con mantas para proteger todo.-Dijo Nuria.

-Buena idea, coger vosotras las cuerdas, yo iré subiendo carros a la entrada.

Las chicas se van a buscar cuerdas mientras yo me dirijo a los carros, mierda, no tengo monedas de euro... y están enganchados entre sí. Mi cabeza se gira hacia las cajas, me voy hacia una de ellas y la tiro al suelo. La caja se abre tirando todas las monedas de su interior al suelo.

-Ala, problema resuelto...

Creo que con siete carros nos llegará, los llenaremos de cualquier cosa y al ir atados, podremos llevarlos entre los tres sin problemas. Cuando subo el último carro aparecen Mónica y Nuria con las cuerdas, perfecto. Atamos los carros de tal forma que parece un tren. Los skis también los atamos a las ruedas de los carros. No parece muy fiable como quedó todo pero bueno, hasta el bunker llegaremos. Vamos al supermercado y empezamos a coger comida de todo tipo; pasta, arroz, paquetes de patatillas y demás guarradas, chocolates, bombones, bebidas de todo tipo, etc.

-Chicas, se nos echa el tiempo encima, vayamos a por mantas y demás cosas a las otras plantas.

-Vayamos por separado así acabaremos antes.-Dijo Nuria.

Nos ponemos en marcha, yo empiezo a subir plantas hasta que llego a la cuarta, zapatería. Camino hacía donde fue mi primer trabajo. Montones de recuerdos vienen a mi cabeza, haciendo que me entristezca por un momento, recordando los momentos y a la gente. Gente que ya no está.

-¿Alberto estás bien?.-Dijo Nuria.

-Si, estaba recordando esto... pero ya está, pongámonos en marcha, no hay tiempo que perder.

-Mónica fue a por mantas, ven conmigo, tenemos que coger arcos y flechas.

-Vamos.

Subimos hasta la sección de caza y empezamos a coger distintos tipos de arcos y flechas, Nuria me explica más o menos las diferencias entre todos, algo que suena a chino en mi cabeza. También cogemos unas bandoleras que parecen militares, pueden sernos muy útiles a la hora de llevar cosas en las expediciones.

Cuando acabamos de llenar los carros, los cubrimos con mantas y las atamos a los mismos con más cuerdas.

-Llegó la hora de la verdad, la hora de ver si este invento funciona.-Dijo Alberto.

-Malo será...-Dijo Nuria.

-Sea como sea tenemos que darnos prisa, ya está anocheciendo.-Dijo Mónica.

Abrimos la puerta y empezamos a empujar los carros, al principio se atasca un poco al salir pero una vez fuera resbala perfecto. Cerramos la puerta y nos ponemos en marcha, de vuelta al bunker con nuestro botín. No habíamos pensado en el pequeño tramo de subida de gran vía hasta la calle venezuela, empujamos con fuerza, pesan muchísimo los carros, los hemos cargado hasta los topes. Una vez en calle venezuela ya es todo recto hasta el ayuntamiento. No hay nadie por las calles, la tormenta parece que ha remitido. Yo voy empujando de los carros desde atrás, Mónica va tirando de la cabecera y Nuria va tirando por el medio. Por suerte para nosotros llegamos hasta el bunker sin habernos encontrado con nada ni con nadie. Entramos dentro y metemos todos los carros en el ascensor, es lo suficientemente grande, diseñado para a saber con que fines pero aquí dentro entraría un coche sin problemas.

-¡Nos hemos cruzado con los reyes magos!- Dijo Alberto sonriente.



 Todos corrieron hacia nosotros menos el loco que seguía mirando el libro que le di. Presenté a Nuria a todos y nos llevamos el botín a las mesas y comenzamos a comer bombones, patatillas, refrescos y demás guarradas. Mónica, Nuria y yo nos miramos sabiendo que tenemos que contarles que estamos en peligro, pero no es el momento, están felices disfrutando de esto que hemos traído, no hay que amargar el momento.
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La llama de hielo, capítulo 1x15 "Compras" by Alberto Leiva Pallares está baixo unha licenza Creative Commons Recoñecemento-NonComercial-SenObraDerivada 3.0 Unported.

jueves, 19 de septiembre de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x14 "Tiro con arco"

LA LLAMA DE HIELO



14-.”Tiro con arco”



«Seguir hacia delante no era más que el único guión posible, detenerse sería la mayor de las tragedias para el que quiere seguir luchando día a día.»


Mónica permanece a mi derecha perfectamente concentrada, apuntando hacia la puerta, en espera de un motivo que le haga accionar el gatillo y comenzar una tormenta de disparos, sangre y cadáveres. La culata del mp44 besa su hombro con fuerza, haciendo que sea una parte más de su cuerpo. Se empiezan a escuchar los pasos de los tres furtivos que se han colado en el interior del edificio en el que estamos, cada vez más y más cerca. Me muevo un poco hacia la izquierda para tener más ángulo de visión entre los dos y así más posibilidades de salir victoriosos en una confrontación. Justo cuando me coloco en mi nuevo emplazamiento entran por la puerta.

-¡No disparéis!, ¡no disparéis!.

-¡Tirad las armas!.

La voz de Mónica sonó totalmente autoritaria, hizo que los tres tiraran sus armas, uno de ellos, lleva un arco y flechas, van completamente tapados solo se les ven los ojos..

-¿Quiénes sois?.

Uno de ellos, el que estaba en el centro se movió hacia delante, dando a entender que era el líder.

-Venimos desde Baiona. Hemos comunicado con los rebeldes por radio, nos dijeron que viniéramos a este piso.

-¿Alberto?, ¿eres tú?.-Dijo la que estaba detrás de los otros dos.

Esa voz me resulta conocida, es una chica, no puede ser, al destaparse la cara lo comprobé con mis ojos, es Nuria, una amiga de hace tiempo con quien había ido perdiendo contacto.

-¿Nuria?.

Sin pensarlo al vernos nos acercamos y nos damos un fuerte abrazo. No sabría describir este momento, el momento en el que te encuentras con alguien que conoces desde antes que empezara toda esta mierda, aún hay esperanza de poder encontrar a mi familia.

-Tengo que hacer algo.-Dijo Nuria.

Nuria se separó de mis brazos se dio la vuelta, saco dos pistolas de su espalda, apuntó a la cabeza de los dos que le acompañaban y apretó sendos gatillos. La escena fue tan rápida que no nos dio tiempo de reaccionar, los dos cuerpos muertos cayeron pesadamente al suelo, donde comenzaron a dejar un reguero de sangre.

-¿Pero que coño...?-Dijo Mónica girándose hacia Nuria para apuntarle con el MP44.

-Eran traidores, de los soldados negros, infiltrados entre nosotros.

-¿Lo qué?-Dijo Alberto que intentaba asimilar todo lo que había pasado en tan breve espacio de tiempo.

-Eran solados negros, esos que se cargan todo lo que ven, fingí no conocer su secreto para poder saber que es lo que querían hacer y lo conseguí. Saben de la existencia de un bunker en esta ciudad. Con la radio contactamos con el grupo rebelde, el de Jacklobo, en ese momento empezaron los problemas... Querían meter a dos hombres para tener información de esta ciudad. Al parecer tienen un infiltrado pero no ha informado de la situación, lo dan por muerto.

-Alex... si es él, ya está con ellos.

-Pues estos no recibieron ninguna información al respecto.

-¿Qué os pasó en Baiona?.

-Pues todo se lió, con la tormenta solar como en todo el planeta supongo, casi todo el mundo murió por la gripe solar, los demás, murieron por el frío, por los mutantes o por los soldados negros. Yo conseguí estar con un grupo de 22 personas. Casi no duramos nada... todo pasó muy rápido, estos dos mataron a gente que les podía ocasionar algún tipo de problema, les decían a los suyos en donde estábamos en cada momento, no había descanso, era batalla tras batalla. Supongo que a mí siempre me vieron como a un eslabón débil y por eso no me mataron. Hace unos días contactamos por radio con el grupo rebelde y pedimos asilo, alguien nos iba a esperar, lo que no me esperaba es que tu fueras uno de ellos.

-Bueno yo no los vi aún, yo permanecí en esta ciudad todo el tiempo. Nos encerraron en un bunker y conseguimos salir hace poco. Todo lo que habéis vivido los que estuvisteis fuera desde el principio para mí y para los del bunker es nuevo. Por cierto, está es Mónica. Mónica Nuria, Nuria Mónica.

-Entonces ahora estamos en peligro, si estos informaban y al venir aquí dejan de informar, van a venir aquí los soldados. ¿Cada cuánto tiempo informaban?.

-Pues desde que dejamos Baiona, usaban la radio, cuando todos dormían. Su plan era reunirse con el grupo rebelde e informar desde donde estuvieran con su radio.

-¿Saben que veníais a esta dirección?.

-Creo que sí.

-Entonces tenemos que irnos lo antes posible.-Dijo Mónica.

Mónica comenzó a vestirse con su ropa que estaba tirada en el suelo junto a una de las hogueras. Yo hice lo mismo.

-Así que estuvisteis encerrados en un bunker...-Dijo Nuria mirando hacia otro lado mientras Alberto y Mónica se vestían.

-Pues sí, fue una auténtica locura. Ahora vamos hacia el corte inglés a por alimentos y cosas útiles.

-¿Os puedo acompañar?.

-Claro, eso ya se daba por hecho.

-Tengo que coger una cosa, vengo ahora.-Dijo Mónica mientras se iba hacia otra de las habitaciones.

Se hizo un breve silencio mientras terminaba de vestirme.

-Así que interrumpimos un momento romántico.

-Jajajaja, no, no, es una larga historia y ahora no tenemos tiempo.

-Me alegro de que estés vivo.

-Lo mismo digo y lo siento por todo lo que pasaste en Baiona.

-Seguro que fue igual a lo que pasasteis aquí, todo se fue a la mierda.

-Pues sí, y aún cuando todo se va a la mierda, siempre hay alguien intentando matar a alguien...

-Humanos...

-Cuando veas el bunker, vas a flipar.

-Alberto, no sé si quiero ir al bunker, no quiero encerrarme y más cuando los soldados negros no reciban ninguna señal de estos despojos.

-¿Crees que vendrán al bunker?.

-Segurísimo, y no quieras estar allí cuando eso pase.

-¿Tú que vas a hacer?.

-Si tenéis alguna idea de a donde pudieron ir los rebeldes, intentaré alcanzarlos.

-¿Tú sola?.

-Llevo mi arco, más sigilo y protección no puedo llevar.

-Buen arma, así no haces ruido.

-Ya que vamos al corte inglés deberías llevarte unos cuantos, os serán de gran utilidad.

-Me parece perfecto, voy a buscar a Mónica, no se que está haciendo.

-Vale, yo vigilaré desde la ventana que no venga nadie.

Dejo a Nuria y me voy hacia la habitación donde está Mónica. Al entrar la veo de pie, mirando un collar y dejando caer unas pequeñas lágrimas.

-¿Mónica, estás bien?.

-Este collar simboliza toda mi familia. Todo lo que fue... Ahora solo quedo yo...

Al escuchar su voz quebrada no puedo evitar darle un abrazo y un beso, con mis manos limpio sus ojos llorosos mientras ella sigue mirando el collar.

-Cada uno de los medallones simboliza a un miembro de mi familia, con su fecha de nacimiento y su nombre grabados por detrás.

-Déjame que te ayude a ponerlo.


 -Chicos, no quiero interrumpiros una vez más pero deberíamos ponernos en camino, la sangre de esos dos atraerá a infectados.
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La llama de hielo, capítulo 1x14 "Tiro con arco" by Alberto Leiva Pallares está baixo unha licenza Creative Commons Recoñecemento-NonComercial-SenObraDerivada 3.0 Unported.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x13 "Se dejaba llevar"

LA LLAMA DE HIELO



13.-”Se dejaba llevar”



«Causal o casual, siempre pasa algo que nos hace enfrentarnos con nuestro interior en una lucha sin cuartel, entre la razón y la pasión.»


Mónica y yo caminamos por el pasillo directos al ascensor, un ascensor que nos llevará al exterior a cumplir esta nueva misión en la que nos embarcamos. Creo que le hace falta desconectar de lo que ha pasado aquí hace un momento y a mí la verdad que también. Demasiada tensión en un espacio de tiempo tan breve,Raquel perdió la cabeza, víctima de un ataque de estrés acumulado. Las distintas perdidas, la desaparición o captura de Alex, el fin del mundo. Todo pasa factura cuando estás en una situación límite, sin esperanzas de vida a largo plazo. Mónica reaccionó en mi defensa y eso lo valoro, ha demostrado que es agradecida y que en un principio puedo contar con ella a la hora de confiar en alguien aquí dentro, desconozco su historia pero tiene algo que hace que la quiera tener cerca. Janet está a salvo, descansando después de haber vivido una situación al límite también. Consiguió escapar de los soldados esos y de los infectados, según Mónica es difícil escapar de ellos sin que te maten, le hizo la pregunta a Janet, “¿por qué no les dispararon?” y Janet no supo contestar otra cosa que no fuera no sé, ¿a qué vino eso?, Igual solo querían a Alex par tener información. Si nuestras sospechas son ciertas quizás quieran saber todo lo que pasa aquí de la mano de su informante. Si fuera así Alex no podría volver a entrar aquí, eso podría ponernos a todos en serio peligro y ahora mismo el bunker es lo único que tenemos para permanecer con vida.

Llegamos al ascensor y nos montamos dentro. Es un ascensor antiguo, hace un ruído extraño, además de tardar un mundo en subir y en bajar. Mónica tiene su mirada clavada en mí como si me estuviera haciendo un escáner de ojos, al mirarle a los ojos aparta su mirada y se queda mirando a un lado, en menos de un segundo sus ojos vuelven a mirar a los mios y los vuelve a apartar.

-¿Qué pasa Mónica?.

-Esto fue un error.

-¿Lo qué fue un error?.

-Venir aquí, no tenía que haber venido.

-¿Por qué dices eso?, ¿por la discusión?.

-Por todo, tenéis vuestro grupo montado y yo soy alguien nuevo, en todos los grupos se desecha al nuevo.

-No ha sido por eso, solo que han pasado demasiadas cosas malas en un periodo de tiempo demasiado pequeño. Muertes, desapariciones, traiciones, hambre, todo...

-Yo estaba bien en mi casa, estaba sola y no tenía que preocuparme por nadie que no fuera yo, no tenía que aguantar discusiones estúpidas como esta, ni aguantar tonterías.

-No volverá a pasar Mónica, ya verás.

-Además no me fío de algunos de los que están ahí abajo.

-¿De quienes?.

-Janet, no me fío de ella. Nadie puede escapar de los soldados negros, es imposible y más si están tan cerca como dijo ella.

-Pero tú escapaste de ellos.

-Sí, pero a qué precio, mi hermano murió ¿recuerdas?, solo era un hinchado, estábamos en la mitad, casi arriba de todo en la calle que va a dar a pizarro desde la estación y los soldados venían de la estación precisamente. Tuve tiempo de correr sin parar como una loca, sin despedirme de mi hermano que estaba siendo devorado por un infectado...

Mónica comenzó a llorar sin apenas poder terminar de hablar. Me acerqué a ella y le di un abrazo. Le dije que se tranquilizará mientras ella se abrazaba a mí cuerpo con toda su fuerza, que ahora estaba con nosotros y que yo no permitiría que le pasara nada malo. El sonido del timbre del ascensor hizo que nos separáramos y saliéramos del. Recomponiéndose por los recuerdos que le estaban atormentando comenzamos a caminar hacia el exterior.

-Gracias Alberto.

-No te preocupes Mónica, ahora estás conmigo.

-Parece que va a hacer frío ahí fuera.

-Pues sí, el cambio de temperatura aquí arriba es bastante brusco y eso que aún estamos dentro del ayuntamiento.

-Quiero ir a mi casa, antes de ir al corte inglés.

-¿Por qué?.

-Necesito coger algo de allí, antes de seguir.

-Está bien, pasaremos por tu casa primero.

-¿De verdad te gusta que hayan hecho esa estatua de Jensen ahí fuera?.

-Jajajaja, pues sí, es una estatua muy bonita.

-Si tú lo dices...

Con una sonrisa en la boca salimos del ayuntamiento y nos pusimos en marcha hacia el piso de Mónica. Está vez tiene que salir bien, no puede pasar nada, tenemos que llegar con todo lo que cojamos de allí.

La calle Venezuela parece estar en calma sin demasiados problemas a la vista. No hay infectados ni nada que se le parezca. Lo que si que hay hoy es mucho viento, el frío es bastante jodido con este aire gélido. Recorremos la calle sin decirnos nada, caminamos uno al lado del otro, mirando de vez en cuando hacia atrás y hacia los lados por si acaso nos atacaran o nos siguieran. Mónica me habló de Jacklobo, tengo que buscarlos, igual está mi familia con él y con más gente conocida, quizás no esté tan solo en esta historia. Ojalá que todo haya salido bien dentro de lo malo. Desde que sé que hay alguien más de mi vida cotidiana vivo, siento que tengo más ganas de luchar en el día a día, de sobrevivir. Abstraído por mis pensamientos por mis recuerdos, de pronto me sobresalto al ver como Mónica se detiene y me hace una señal. Ha visto algo, algo que no le ha convencido, algo que ha captado su atención por algún motivo que yo aún no he sido capaz de vislumbrar. Me señala una carnicería pequeña, que tiene la puerta abierta, yo no veo nada, de pronto al acercarnos si que lo veo, es uno de esos que contaron Mónica y Janet, un hinchado. Es asqueroso, su piel es blanca sin vida, parece que va a reventar en cualquier momento, sus músculos están superdesarrollados, es bastante alto, unos dos metros o un poco más. Está comiendo carne, no nos puede ver, está de espaldas a nosotros. Le hago una señal a Mónica, indicándole que pasemos del, ella me dice que no con la cabeza, que demonios planea. Se pega a mi oreja derecha y puedo escuchar lo que me dice.

-Apunta con el rifle a su cabeza, si se mueve y viene a por mí dispárale y vuélasela.

-Mónica, ¿qué diablos vas a hacer?, vámonos.

-¡No!, solo es uno, quiero acabar con él sin hacer ruido, si al final tienes que disparar quiero que tan pronto lo mates, eches a correr como un loco hacia mi piso, ¿vale?.

-Está bien, pero ¿qué vas a hacer?.

-Voy a acercarme lentamente y voy a hundir mi espada en su cabeza.

-¡Estás loca!, ¡eso es asumir demasiado riesgo!.

-Cállate y acércate, sin hacer ruido, tenemos que aprovechar que solo hay uno, ¡vamos!.

Mónica se separa de mí y se dirige hacia la carnicería, como si esto fuera una buena idea. No puedo perder el tiempo tengo que acercarme, lentamente me dirijo hacia la esquina derecha de la carnicería, algo chispea mi cabeza, una idea, una intuición algo que me dice que cale el cuchillo en el Kar98, sin perder una milésima de segundo lo pongo lo más rápido que puedo, sin hacer apenas ruido, el aire es nuestro aliado en este momento, sopla aún con más fuerza, de hecho se me están congelando los dedos y las piernas aquí parado. Con el rifle preparado, apunto a la cabeza del infectado, es completamente asqueroso, tiene las venas hinchadas y casi saliéndole por todo el cuerpo, su cabeza parece una membrana asquerosa de color blanco por su piel y violeta por sus venas. Mónica se acerca con la espada en posición, justo cuando está a un escaso metro de distancia, el bicho se gira y suelta un gruñido aterrador, con restos de carne en su boca, fibras o ligamentos que le quedan entre los dientes y le salen de la boca. Es asqueroso. Mónica hace un movimiento con la espada de arriba a abajo en diagonal, cortando su pecho, sin saber muy bien por qué otra vez vuelvo a actuar sin pensar, me echo a correr hacia el infectado y clavo el cuchillo calado en el rifle en su cabeza. El cuchillo entro por su sien izquierda y la punta salio por el otro lado, en ese preciso momento cayó a peso muerto sobre el suelo. Saco el cuchillo de su cabeza de un tirón y un chorretón de sangre se une a la fiesta, un chorro que hace que el suelo se convierta en un charco de sangre que se va congelando en cuestión de segundos. Mónica me mira y me hace un OK con el dedo pulgar derecho.

-Mónica, tenemos que irnos, esto es peligroso, pueden olerlo y venir más infectados. El aire está soplando cada vez con más fuerza.

-Vámonos, estamos a pocos metros de mi casa.

Salimos de la carnicería y el caminar se nos hace casi imposible, estamos en lo que parece una ventisca. El aire atraviesa nuestras ropas congelándolas a su paso, lo poco que esta al descubierto de nuestra cara es como si empezara a congelarse, mis ojos, me duelen, se me clavan, tenemos que darnos prisa. Estamos ya, a apenas cinco metros de la casa de Mónica, intento correr y la cojo del brazo, con dolor, con mucho dolor. Conseguimos entrar en el portal, cerramos la puerta y comenzamos a saltar y a golpear nuestras manos. Estamos tiritando del frío, nuestras ropas están congeladas. El ruido del aire fuera es atronador, comenzamos a subir las escaleras, ayudo a Mónica que le cuesta a horrores moverse. A mí también pero estoy un poco mejor. En la última planta aún están los cadáveres de los infectados que me seguían ayer. Entramos y nos dirigimos al salón, donde aún quedan las cenizas de las hogueras.

-Tenemos que encender el fuego.

-Estamos empezando con hipotermia, vamos a morir si no nos damos calor ya.

Mónica se tira al suelo y adopta posición fetal, rápido no hay tiempo que perder, tiene bastante madera amontonada en una de las esquinas, cojo varios trozos y hago un triángulo de hogueras para que nosotros estemos en el centro. En el centro hay un colchón pequeño y muchas mantas. Tiene un bote de alcohol de quemar justo al lado de la madera, con una caja de cerillas, rocío la madera con alcohol en las tres hogueras y enciendo tres cerillas. Las tiro en las tres hogueras y me arrodillo al lado de Mónica.

-Al..lll...beerr..to, teenn....emmos... qu..e quitarn...os la ro..pa, ayú..dame.

-Tienes razón ,es la única forma de entrar en calor.

Comienzo a desnudarla, dejándole solo la ropa interior que también la tiene empapada y congelada. Le ayudo a meterse en el colchón y me quito la ropa lo más rápido que puedo, seguidamente me meto con ella en el colchón.

-Tenemos que quitarnos también la ropa interior Alberto está congelada.

Le ayudo a quitársela y me la quito yo también, seguidamente nos abrazamos fuertemente, enroscados entre las mantas, con nuestras cabezas apoyadas en el cuello el uno del otro. Las hogueras comienzan a tener una llama considerable, generando un calor bastante agradable, nuestros cuerpos poco a poco van recuperando su temperatura, nuestras respiraciones tiritántes también van volviendo a la normalidad. Otra vez sin saber porqué como cuando calé el cuchillo en el rifle, mi cabeza se separa de su cuello, mirando a sus ojos mis labios buscan los suyos hasta que logran encontrarlos y fundirse en un apasionado beso cargado de un sentimiento oculto, que hasta ahora no reconocía. Nos dejamos llevar por el momento y por la situación, calentando nuestros cuerpos por la llama del deseo.

Al terminar nos quedamos mirándonos a los ojos, jadeantes y exhaustos pero a la vez contentos y conformes, Mónica aparta la mirada y pone una cara rara.

-Lo siento... no tenía que haber pasado...

-Los dos lo queríamos Mónica.

-Eso es cierto pero... Janet...

-Mierda... Janet...

-Lo siento, tenía que haberme contenido.

-No, está bien, tengo que decirte que desde que nos vimos aquí fuera ayer, me ha pasado algo contigo, es como si te conociera de siempre, como si me hubiera reencontrado contigo después de mucho tiempo, me apetece estar a tu lado y me apetecía hacer esto contigo. No tenemos que sentirnos culpables por nada.

-¡Pero estabas con ella Alberto!.

-Ya... pero a veces estas cosas pasan.

-¿Cómo se lo vamos a decir?.

-Se lo diré yo, cuando lleguemos, no te preocupes.

-Se va a cabrear conmigo.

-Es posible que se enfade con los dos...

Nos quedamos mirándonos como dos idiotas durante un breve espacio de tiempo sin decirnos nada. La habitación está caliente por las hogueras, un par de grados por encima de cero, un paraíso en estos momentos. Me levanto y miro por la ventana, la tormenta parece que ha parado. De repente mi mirada se centra en un grupo de personas, son tres, van vestidos con abrigos, no son soldados.

-¡Rápido coge las armas, vienen tres personas hacia aquí!

-¿Son soldados?

-No lo parecen, ¡rápido!.


 Sin perder el tiempo nos ponemos solo los chaquetones de la SS por encima, cogemos nuestras MP44 y apuntamos hacia la puerta a la espera de que entren.
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